Sirviente a Joven Hetero Gay

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Lucas entró en la casa con paso seguro, dejando caer las llaves sobre la mesa del vestíbulo. El aire de la tarde aún llevaba el calor de Ohio, pero dentro todo estaba en orden, tal como él prefería. Mateo estaba allí, esperando en silencio junto a la puerta del salón, con esa postura recta que delataba su dedicación.

—Quítate la ropa —ordenó Lucas sin rodeos, su voz grave y directa mientras se dejaba caer en el sofá—. Despacio.

Mateo asintió, las mejillas ligeramente encendidas. Sus dedos temblaron apenas al empezar con los botones de la camisa, revelando centímetro a centímetro la piel pálida del torso. Cada prenda caía al suelo con cuidado, obedeciendo la instrucción de no apresurarse. El deseo se mezclaba con un nerviosismo contenido en su mirada; quería complacer, pero el peso de esa orden lo mantenía alerta.

Lucas observaba desde su asiento, los ojos recorriendo cada movimiento. Cuando Mateo quedó completamente desnudo, de pie frente a él, el joven de Ohio se levantó. Se acercó con calma y extendió la mano, pasando los dedos por el pecho de Mateo con firmeza, sintiendo la calidez de la piel y la leve tensión de los músculos bajo su tacto. No había prisa; solo exploraba, trazando líneas descendentes por el abdomen, afirmando su presencia.

—Así está bien —murmuró Lucas, dando un paso atrás para apreciar el resultado.

Mateo recogió sus ropas dobladas y se dirigió a la cocina. Allí limpió la encimera con movimientos precisos, luego preparó dos bebidas: una para Lucas y otra para sí mismo, aunque sabía que solo serviría la de su amo. Regresó al salón con la bandeja, colocándola sobre la mesa baja. Sus ojos se alzaron un instante hacia Lucas, llenos de una adoración que intentaba mantener contenida, antes de bajar la mirada de nuevo.

Lucas tomó su vaso y bebió un sorbo, disfrutando del silencio cargado que se extendía entre ellos. El control absoluto lo relajaba; ver a Mateo moverse desnudo por la casa, cumpliendo cada tarea sin quejarse, despertaba en él una satisfacción profunda. La curiosidad que siempre había negado ante otros se manifestaba aquí, en la intimidad de su hogar, con este sirviente que parecía dispuesto a todo.

La tensión crecía con cada minuto que pasaba. Lucas se recostó, observando cómo Mateo permanecía de pie, esperando la siguiente orden. El aire entre los dos se volvía más denso, cargado de expectativas que aún no se habían pronunciado. Lucas sonrió apenas, sabiendo que podía prolongar ese momento todo lo que quisiera.

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