Negros Vergones Follando Sin Piedad
1Javier cerró la puerta del cuarto detrás de ellos. El aire era denso y húmedo, pegajoso contra su piel negra y musculosa. Su verga ya estaba dura, hinchada y pesada contra su muslo, lista para hundirse en algo apretado. Carlos lo miró con esa hambre en los ojos, su cuerpo atlético tenso y esperando.
Javier no perdió tiempo. Se acercó por detrás y le metió las manos grandes al culo de Carlos, apretando las nalgas firmes con fuerza. Las juntó y las separó, sintiendo cómo cedían bajo sus dedos. Luego jaló el cuerpo de Carlos hacia atrás, pegando ese culo contra su verga erecta, frotándola entre las nalgas sin entrar todavía.
—Qué culo tan apretado tienes, cabrón —gruñó Javier, su voz grave y dominante—. Vas a tomármela toda.
Carlos se dejó arrastrar, jadeando ya. Se arrodilló en el suelo caliente, abrió las piernas bien anchas y se inclinó hacia adelante, arqueando la espalda. Con las manos se abrió las nalgas, mostrando el ano oscuro y fruncido, ya lubricado y palpitando, listo para ser usado.
Javier se arrodilló detrás de él, agarró su verga gruesa por la base y la alineó con ese agujero. Sin aviso, empujó. La cabeza gruesa forzó la entrada, abriendo el ano de Carlos centímetro a centímetro hasta que la verga entera se hundió de un solo golpe brutal. Carlos soltó un gemido largo y ronco mientras su culo se estiraba alrededor de la polla negra de Javier.
Javier no esperó. Empezó a follarlo duro desde el primer empuje, sacando casi toda la verga y metiéndola de nuevo con toda la fuerza de sus caderas. El sonido húmedo de piel contra piel llenó el cuarto. Cada embestida era profunda, sin piedad, golpeando el culo de Carlos como si quisiera romperlo.
—Así, joder, abre más —ordenó Javier, clavando los dedos en las caderas de Carlos mientras aceleraba. Su verga entraba y salía sin descanso, el ano de Carlos chupándola con cada salida, apretando como un puño caliente.
Carlos gimió fuerte, la voz entrecortada por los golpes. Su propio cuerpo se movía hacia atrás, buscando más, el culo sensible tragando la verga una y otra vez. El sudor corría por su espalda negra mientras Javier lo cogía más rápido, sin parar, las bolas golpeando contra él con cada embestida salvaje.
Javier gruñó, sudando, los músculos de sus brazos y abdomen flexionados mientras mantenía el ritmo brutal. El ano de Carlos se contraía alrededor de su verga, tragándola hasta el fondo una y otra vez, el olor a sexo llenando el espacio cerrado. No había pausa, solo el sonido constante de carne golpeando carne y los gemidos de Carlos pidiendo más.
—Dame ese culo, no pares de gemir —dijo Javier entre dientes, empujando más profundo, sintiendo cómo el cuerpo de Carlos temblaba debajo de él. La verga de Javier estaba resbalosa de lubricante y calor, follando sin piedad, cada embestida más fuerte que la anterior, manteniendo a Carlos abierto y lleno sin descanso.







