Sexo duro después de la fiesta
0La fiesta gay había terminado. La casa estaba en silencio, llena de vasos vacíos, ropa tirada y el olor a alcohol y sudor que aún flotaba en el aire. Tú y él se quedaron solos, los dos con la polla todavía dura después de haber visto tanto culo y tanta acción durante toda la noche.
Él te empujó contra la pared del pasillo sin decir una palabra. Sus manos fueron directas a tu pantalón, bajándolo de un tirón junto con los calzoncillos. Tu polla saltó libre y él la agarró con fuerza, masturbándote con movimientos rápidos y bruscos.
—Quédate quieto —gruñó contra tu oído mientras te bajaba los pantalones hasta los tobillos.
Se arrodilló solo un segundo, escupió en tu agujero y metió dos dedos de golpe. Te abrió sin piedad, moviéndolos dentro y fuera con fuerza mientras te preparaba a toda prisa. No hubo caricias suaves. Solo la necesidad de follarte ya.
Se puso de pie, sacó su polla gruesa y te la clavó de un solo empujón. Te llenó hasta el fondo sin darte tiempo a ajustarte. Empezó a follarte contra la pared con embestidas duras y rápidas, el sonido de su pelvis golpeando tu culo resonando en el pasillo vacío.
Cada embestida era profunda y violenta. Te sujetaba por las caderas con fuerza, clavando los dedos en tu piel mientras te penetraba sin descanso. Tu polla rebotaba con cada golpe, dura y goteando.
Te giró y te dobló sobre el respaldo del sofá. Siguió follándote desde atrás, metiendo la polla hasta las pelotas una y otra vez. El sudor le corría por el pecho mientras te daba estocadas brutales que te hacían gemir sin control.
—Más fuerte —pediste entre jadeos.
Él obedeció. Te agarró del pelo, te echó la cabeza hacia atrás y te folló con toda la fuerza que tenía. Sus bolas golpeaban contra ti con cada embestida. Te abrió más, te folló más profundo, hasta que tu agujero estaba rojo e hinchado por el uso.
Te sacó, te obligó a arrodillarte y te metió la polla en la boca. Te folló la garganta con embestidas cortas y duras, obligándote a tragar hasta el fondo mientras las lágrimas te corrían por las mejillas.
Volvió a ponerte de pie, te sentó en la mesa y te abrió las piernas. Volvió a entrar en ti de un solo golpe. Te folló en esa posición, mirándote a los ojos mientras te penetraba sin piedad. Sus manos te sujetaban las piernas abiertas mientras su polla entraba y salía de tu agujero con fuerza.
El orgasmo te llegó de golpe. Tu polla empezó a disparar chorros de semen sobre tu propio pecho mientras él seguía follándote a través de tu clímax. Él no paró. Siguió metiendo y sacando la polla hasta que su propio orgasmo lo alcanzó. Se corrió dentro de ti, llenándote con chorros calientes y espesos que te desbordaron y empezaron a salir por los lados.
Se quedó dentro de ti unos segundos más, jadeando, antes de sacar su polla lentamente. El semen empezó a gotear de tu agujero abierto y usado.







