Hot chico musculoso Jonathan Hicks se masturba su gran polla peluda

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Jonathan Hicks se recostó contra el banco de pesas, aún jadeando por el entrenamiento intenso. Su camiseta estaba pegada al pecho por el sudor, delineando cada surco de su abdomen marcado y los pectorales duros como roca. Se quitó la prenda de un tirón, dejando al descubierto ese torso veteado de venas y cubierto por un vello oscuro y denso que se espesaba hacia el abdomen inferior. Sus manos, grandes y callosas por levantar hierro, bajaron rozando los músculos oblicuos antes de hundirse en la cintura de sus pantalones deportivos.

Desabrochó con lentitud deliberada, el sonido de la cremallera rompiendo el silencio del gimnasio vacío. Sacó su polla ya semiérguita, gruesa y pesada, cubierta por un manto de rizos oscuros que se enredaban en la base y se extendían hacia abajo, mezclándose con el vello aún más denso de sus testículos. El glande, ya brillante con líquido preseminal, asomaba entre los pelones, rojo y tenso. Una bocanada de aire caliente salió de sus labios al sentir el contacto directo del aire sudoroso sobre su piel sensible.

Sus dedos cerraron alrededor del tronco, apretando firme desde la raíz. Un gemido bajo escapó de su garganta mientras comenzaba a mover la mano, lento al principio, rozando el prepucio hacia atrás y adelante para exponer más del glande sensible. El vello púbico rozaba sus nudillos con cada movimiento, creando una fricción áspera que lo hacía jadear. Se escupió en la palma, mezclando su saliva con el precum, y volvió a agarrar, esta vez con un movimiento más húmedo y acelerado.

El pulgar rozó el frenillo en cada subida, provocando espasmos en sus piernas. Sus caderas empezaron a moverse sutilmente, empujando hacia su puño como si follara el aire. Miró hacia abajo, viendo cómo su mano desaparecía entre el bosque de rizos, cómo la polla se engrosaba aún más, las venas latientes marcadas bajo la piel tensa. El sudor le corría por las sienes, gotear sobre su clavícula, mezclándose con el vello del pecho.

Aceleró el ritmo, la mano moviéndose ahora con golpes secos y húmedos, el golpe de los testículos contra su palma en cada carrera hacia abajo. Sus respiraciones se volvieron jadeos cortos, luego gemidos ahogados que rebotaban en las paredes de acero. El glande se puso morado, el ojo bien abierto, derramando más líquido que lubricaba el movimiento. Un dedo índice de su otra mano bajó, rozando el escroto apretado, apretando suavemente los testículos antes de deslirse hacia el periné, preseniendo firme justo detrás de los huevos.

Un temblo recorrió su cuerpo. Sus muslos se tensaron, los cuádriceros marcándose como acero bajo la piel sudorosa. Con un gruñido gutural, apretó la base de su polla con fuerza, deteniendo el movimiento un segundo mientras el placer se acumulaba como una presión insoportable. Luego, soltó y volvió a mover la mano, rápido y desesperado, el puño golpeando la base en cada descenso.

—¡Joder…! —jadeó, la voz ronca—. Así… así…

Su polla latía violentamente en su puño, el glande pareciendo a punto de explotar. Con un último empujón de caderas, se vino. El primer chorro de esperma blanco y espeso salió disparado, impactando contra su propio pecho, seguido por otros tres, cada uno más fuerte que el anterior, salpicando su abdomen marcado, surcando los surcos de sus abdominales antes de caer en gotas gruesas sobre el vello púbico. Sus testículos se contrajeron fuertemente, bombeando la última gota mientras su cuerpo se arqueaba, los pies deslizándose ligeramente en el piso de goma.

Se dejó caer hacia atrás, jadeando, la mano aún cerrada débilmente alrededor de su polla ahora temblorosa y sensible, goteando los últimos restos de semen sobre sus dedos y el vello de sus muslos. El pecho se elevaba y bajaba rápidamente, el sudor y el semen mezclándose en su piel, el olor a sexo y esfuerzo llenando el aire. Una sonrisa satisfecha torció sus labios mientras cerraba los ojos, disfrutando del hormigueo post-orgasmo que aún recorría sus venas, los músculos relajándose lentamente tras la descarga

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