Twink me hizo una mamada en el autobús – Casi atrapado
0El autobús temblaba ligeramente mientras recorría la avenida principal, el zumbido del motor mezclándose con el murmullo bajo de los pasajeros. En la última fila, casi vacío, dos asientos estaban ocupados solo por ellos: Luca, un chico gay de veinte años, delgado, piel bronceada y pelo corto despeinado, y Marco, un hetero de veintitrés, musculoso, con la camiseta ajustada que marcaba sus pectorales y una mirada que siempre seemed to scan the horizon.
Luca se había sentado al lado de la ventana, apoyando la frente contra el vidrio frío mientras miraba el paisaje pasar. Marco, sin embargo, había notado la forma en que Luca se mordía el labio inferior cada vez que el autobús daba una curva brusca, y la manera en que sus manos temblorosas se apretaban contra el muslo. Cuando el vehículo se detuvo en una parada y el flujo de gente se thinning, Marco se inclinó ligeramente, su rodilla rozando la de Luca sin decir nada.
— ¿Todo bien? — preguntó Marco, su voz baja pero firme.
Luca asintió, pero sus ojos estaban vidriosos, llenos de una mezcla de nerviosismo y deseo. — Sí… solo un poco de calor.
Marco sonrió, casi imperceptiblemente, y deslizó su mano hacia el muslo interno de Luca, apretando con firmeza. La piel de Luca se erizó al contacto, y un leve gemido escapó de sus labios. Marco no esperó más; inclinó la cabeza y, con la otra mano, desabrochó lentamente el cinturón de Luca, dejando que la cremallera de sus jeans chirriera suavemente.
El pene de Luca ya estaba medio erecto, la tela del boxer marcando la forma de su dureza. Marco lo sacó con decisión, exponiendo la longitud venosa, goteando ya un poco de pre‑eyaculado en la punta. Sin perder tiempo, Marco se inclinó, abrió la boca y envolvió la glande con sus labios, succionando con fuerza mientras su lengua giraba alrededor del frenillo, explorando cada surco.
Luca jadeó, arqueando la espalda contra el asiento, sus manos agarrando el respaldo del asiento delantero como si buscara anclarse. — ¡Mierda…! — gruñó, su voz entrecortada por el placer.
Marco mantuvo un ritmo constante, moviendo la cabeza de arriba a abajo, dejando que la polla de Luca deslizara profundamente por su garganta, provocando un leve gag que solo intensificó la sensación. Cada vez que Marco llegaba a la base, Luca sentía el calor de la garganta de Marco apretarse alrededor de su eje, la saliva mezclándose con el pre‑esperma que goteaba abundantemente.
El autobús volvió a arrancar, y el movimiento hizo que los cuerpos se rozaran aún más. Luca pudo sentir la erección de Marco presionando contra su muslo a través del tejido de los pantalones, un contraste duro y caliente que aumentó su excitación. Marco, sin dejar de chupar, deslizó una mano hacia abajo y empezó a masajear los testículos de Luca, apretando y soltando con un ritmo que hacía que Luca temblará de placer.
— Así… sigue… — susurró Luca, entrecortado, mientras sus caderas se movían involuntariamente, buscando más profundidad.
Marco respondió con un gemido bajo, vibrando contra la polla de Luca, y entonces, sin avisó, aumentó la velocidad, bombeando la polla de Luca con su boca mientras su lengua rozaba el underside de la cabeza, provocando escalofríos que recorrieron la columna de Luca. El placer se acumuló como una tormenta, y Luca supo que estaba al borde.
Con un último empuje profundo, Luca explotó. Un chorro grueso de esperma salió disparado, llenando la boca de Marco en ráfagas calientes y espesas. Marco tragó sin detenerse, dejando que el semen resbalara por su garganta, mientras Luca jadeaba, su cuerpo temblando bajo el impacto del orgasmo.
Cuando las últimas gotas se disiparon, Marco se alejó lentamente, limpiando la comisura de la boca con el dorso de la mano y mirando a Luca con una expresión mezcla de satisfacción y curiosidad.
— Nunca pensé que… — empezó Marco, pero Luca lo interrumpió con una sonrisa cansada y satisfecha.
— No importa. Fue… increíble.
El autobús siguió su ruta, el ruido de las ruedas sobre el asfalto cubriendo los suspiros residuales de ambos. Luca se recostó contra el asiento, aún sintiendo el latido de su corazón y el sabor de Marco en su boca, sabiendo que, aunque fuera solo un viaje en autobús, ese momento quedaría grabado en su memoria como una de las experiencias más intensas y puras que había vivido







